jueves, 14 de agosto de 2014

Lo real del amor en el siglo XXI

Amílcar Gómez

Uno retiene la transferencia de amor, pero la trata como algo no real, como una situación por la que se atraviesa en la cura, que debe ser reorientada hacia sus orígenes inconscientes y ayudará a llevar a la conciencia lo mas escondido de la vida amorosa de los enfermos, para así gobernarlo.

La relación del sujeto con lo reprimido inconsciente cambia, y da comienzo al análisis de sus complejos reprimidos.(1)

El Discurso analítico posibilitará la entrada en análisis permitiendo que el sujeto tome distancia de aquello que lo constituye, teniendo como perspectiva la modificación del sujeto en sus relaciones con sus complejos inconscientes. Es entonces, el amor, un punto de palanca para este viraje.

El sujeto trabaja porque presta crédito al analista, y le cree porque adopta una particular actitud afectiva hacia la persona del analista… “Usamos este influjo <<sugestivo>>… no para la sofocación de los síntomas – es lo que distingue al método analítico de otros procedimientos psicoterapéuticos – sino como fuerza pulsional para mover al yo del enfermo a superar sus resistencias”(2)


Tenemos el amor transferencial como una forma particular del amor en el Discurso Analítico, como pivote para que surja el sujeto en Psicoanálisis, con su síntoma. Este, asociado al goce, el goce-síntoma, le permitirá al sujeto saber sobre la verdad implicada en este. Esa verdad incluye los diversos goces, y el goce fantasmático como un goce privilegiado, que es la respuesta central de un sujeto ante el deseo del Otro. Con el fantasma lo completo y lo hago ex-sistir. La caída de este fantasma, permitirá la descompletud del Otro y del sujeto mismo, que cambiará en su posición subjetiva y, por tanto, en su manera de amar, encontrando la causa del deseo y su falta, su castración.

En Aun (Seminario XX), Lacan  plantea: “La primera vez que les hablé, enuncié que el goce del Otro, que dije estar simbolizado por el cuerpo, no es signo de amor.” A lo que agrega, mas adelante: “El Otro, en mi lenguaje, no puede ser sino el Otro sexo” (3)

En este interesante párrafo del mismo seminario, encontramos que el goce está simbolizado, atravesado por el significante. Pero, el significante surge de la nada, siendo el amor expresado por los significantes tendremos que estos, los significantes, alcanzan al cuerpo haciéndole creer que eso es signo de amor, cuando en verdad se trata del goce, gozar del Otro.

Este amor deberá ceder en el análisis. El goce del Otro cederá, cesará de no escribirse y mostrará su cara real, que es la del amo. Es el amo-r.

La pregunta que sigue sería: ¿Qué resta después? Cuando ya no creamos en lo eterno del amor, cuando el goce del amor ceda. Pues bien, debe ser algo que tenga que ver con la estructura y el vacío original, el nihilo. ¿Cómo se ama después de un análisis? ¿Será eso lo real? ¿O también hay que tomar en cuenta las contingencias del amor ligadas con el discurso de la época, lo que nos lleva a preguntarnos sobre lo real del amor en una época determinada?

(1) Freud. S, Ob. Comp., T XII; pg. 169, Amorrortu
(2) Freud. S, Ob. Comp., XX, pag. 210, Amorrortu.
(3) Lacan. J, Sem. 20, cap. IV, Paidos.

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