domingo, 21 de septiembre de 2014

Amor con hambre no dura...

Erika Guedez

En el siglo XXI, podemos encontrar la obesidad como parte de los síntomas contemporáneos, siempre ha existido pero en este momento hace sus estragos. La Organización Mundial de la Salud ha considerado que se trata de una epidemia, no solo de países desarrollados.

Así como la época ha traído la caída de los ideales y un nuevo orden del mundo, poco atravesado por la lógica fálica, también ha venido arrastrando trastornos en esa relación del sujeto con la comida. El ordenamiento simbólico que antes giraba alrededor de la comida, alrededor del banquete impuesto por ese Nombre del Padre ya no está más, ahora queda su nostalgia (1).

Estamos frente a sujetos que deciden comer a solas, de manera descontrolada  y desbordada, presentando los llamados binge eating o atracones, otros tantos que van engordando imposibilitando así sus salidas de casa por no poder moverse, ni caminar entre otras cosas. Son modos de comer en el obeso no mediado por el campo del Otro; se ha convertido en un modo particular de goce, cuyo telón de fondo es la misma lógica del para todos igual. Se impone el discurso capitalista -All you cant eat o come todo lo que puedas”, sin importar si estas lleno o no, traspasando los límites de la comida porque es come, toma y has todo lo que quieras, sin límite alguno.


El psicoanálisis a partir de Freud y Lacan, nos ha enseñado que la relación madre hijo en su primer momento esta mediada por la comida y esta dará lugar a uno de los objetos de la pulsión, el objeto oral. El inicio de esta relación será dada a través del alimento, es el alimento que da la madre, lo que se traducirá como un Don, el don del Amor. Entonces la relación del sujeto con ese Otro estará marcada por un signo, este es el signo del Amor.

En el amor vemos algunas señales de este signo, en especial lo erótico cuando hay una boca que besa, de la que salen las palabras de amor. En el obeso la boca es la que devora, succiona y destruye; aparecen los dientes que remiten a lo canibalesco del hombre.

Nos encontramos que para el obeso el signo no se traduce en Amor. El sujeto sufre los avatares de que el signo no haga aparición, se trata de una relación trastornada con el Otro, así como lo estará el vínculo que ha hecho con la comida.

Cuando Lacan dice “sólo el amor permite al goce condescender al deseo” (2), nos abre camino para comprender qué pasa con la lógica amorosa del obeso. Podemos decir que el signo de Amor deja de ser un signo. Amor con hambre no dura, porque el sujeto quedara atrapado en la dimensión oral, puesto que el hambre del obeso nunca tendrá fin y el vacio no será colmado ni con la comida ni con el amor. El amor quedara tan solo como un subrogado.

(1) Consenza, D. “Introducción a la clínica psicoanalítica de la anorexia, bulimia y obesidad”.  Logos 8. Grama: Buenos Aires, 2014, p. n°. 43.
(2) Lacan, J. El Seminario 10. La angustia. Paidos: Buenos Aires, 2008.

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