viernes, 5 de septiembre de 2014

Lo real en el arte y en el amor

Ronald Portillo

La belleza, tal como lo planteara Lacan en el capítulo XVIII del Seminario sobre la Ética del Psicoanálisis, constituye una suerte de defensa frente al goce, vale decir frente a lo real.

Marie-Hélène Brousse por su parte, en La Cause Freudienne No. 71, formula la tesis siguiente: largo tiempo contenidos por la barrera de lo Bello los objetos de arte contemporáneos la han franqueado y con ello han cambiado radicalmente no solo la función sino también las modalidades del arte en la sociedad contemporánea.

La barrera de lo bello frente a lo real plantea la relación de lo simbólico con lo real, reenvía por una parte al cuerpo del “parletre” y por otra al Ideal, binario que podemos escribir I(A)/a , el Ideal del Otro encubriendo el horror de lo real del objeto. Esta relación fue descrita por Freud en el capitulo VIII de “Psicologia de las masas y análisis del yo” con el término “sobrestimación sexual’ del objeto causada por el mecanismo de la idealización. Clínicamente es lo que se puede apreciar en algunos casos llamados por Freud de “fascinación” o servidumbre enamorada.


Esta barrera del arte procurada por lo bello ha saltado, ha sido rota por el artista contemporáneo, la separación entre el Ideal y el objeto de arte se ha consumado, ya el I(A) no modula mas el abordaje del objeto pulsional por medio del Arte. El artista contemporáneo a través de su obra interpreta directamente, sin la intermediación de lo bello, el objeto pulsional que habita nuestros cuerpos, nuestras relaciones, nuestros modos de ser y de vivir, nuestros modos de amar y de gozar.

Tradicionalmente se ha abordado la sublimación por la vía de la idealización, significante. Lacan avanza al ligar la sublimación al objeto. Es lo que se desprende de la definición de la sublimación como la elevación de un objeto a la dignidad de La Cosa.

En el fondo se puede considerar a la sublimación como una defensa frente a lo pulsional, una defensa exitosa pues logra la satisfacción de la pulsión sin que se dispare el mecanismo de la represión, es decir sin que participe el inconsciente. Así desde la muy última enseñanza de Lacan se puede considerar a la sublimación como un escabel por medio del cual se eleva no solo al objeto sino a la satisfacción pulsional misma a niveles de máxima dignidad. El artista contemporáneo logra la satisfacción pulsional a través del abordaje directo del objeto, adelantándose como siempre a los psicoanalistas en lo referente a la evolución del estatuto de objeto en la cultura.

En el amor se aprecia igualmente una particular relación entre el Ideal y el objeto pulsional , sin embargo lo que aquí aprecia Freud es una relación inversa a lo que se presenta en el registro de lo Bello: "el objeto se ha puesto en el lugar del Ideal del yo". En muchas modalidades del amor el objeto es utilizado para ocupar el lugar de un Ideal del yo no alcanzado.  De este modo el amor llega a convertirse  en una forma de satisfacción  pulsional, sin que participe ningún tipo de regulación inconsciente, es decir del Otro.

Tanto a nivel del arte como a nivel del amor de lo que se trata es de llegar a un saber hacer con lo real en juego.

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