martes, 23 de septiembre de 2014

Qué puede aportar el arte al psicoanálisis lacaniano en relación a la concepción del amor en el siglo XXI

Carolina Carrillo

Javier Codesal, artista polifacético, pionero del videoarte, mencionaba en una entrevista, lo que Jacques Lacan decía respecto del arte: «que el psicoanalista debe dejarse enseñar por él». Por otra parte señala que sin amor no hay relación posible con el arte, «amor que empieza por uno mismo. Claro, decir amor es sobre todo acusar su pérdida, sentir la insuficiencia de la atracción, de su resultado, y colocar al artista en el alcance de una necesidad que toca de manera impúdica, sí, tanto su angustia como su placer» (1).

Vivimos en una era que el escritor y psicoanalista francés Gerard Wajcman ha caracterizado como la era del «Ojo absoluto» (2). Una era en la que la mirada es una cultura común y global, un tiempo regido por el imperativo, que tiene su raíz en el discurso de la ciencia, de que todo, absolutamente todo, hasta lo más íntimo de nuestro cuerpos y de nuestras vidas, debe ser visible. Una época para la que «todo lo Real es visible y sólo lo visible es real». Este real «todo visible» no es el real propio del psicoanálisis que justamente se singulariza por quedar excluido tanto de la representación en la imagen como en el significante.


En el arte asistimos también a un movimiento de revelación, algo que después de todo, podría estar en sintonía con el deseo de omnivisión del amo moderno. Una nueva figura acecha este tiempo, un espectro o un fantasma: el de un sujeto transparente (3).

El real de los cuerpos del artista del siglo XXI, Günter Von Hagens, más que al real del psicoanálisis parece responder a este imperativo de la era del «Ojo absoluto». Traslada este imperativo de mirar el cuerpo hasta sus últimos recovecos, propio de la ciencia, al arte (4).

Los cuerpos de Von Hagens, procedentes de cadáveres reales han sido sometidos a la tecnica de la plastinación, proceso en el cual se extrae el agua de un cuerpo real con acetona fría y luego se sustituye por una solución plástica endurecible. Es un viaje al interior del cuerpo humano donde varios cuerpos completos y numerosos órganos enseñan el espectáculo de nuestro cuerpo como nunca antes había sido presentado.

Si en el arte clásico el cuerpo se nos mostraba como una bella imagen unificada, aquí -más allá del velo de la imagen- irrumpe el cuerpo fragmentado. Es una voluntad decidida por rasgar el velo de lo imaginario para hacer aparecer el cuerpo en su dimensión real. En la actualidad, el arte, por ejemplo en el bodyart, se opone a la tentativa de transformar todo en un conjunto consistente. Está del lado del no-todo, lo que tiene consecuencias sobre los objetos que produce: son la mayoría de las veces inclasificables en términos de clases, es decir, en términos fálicos (5).

A diferencia de épocas previas, donde los ideales llevaban la marca de la represión, nos encontramos con la consigna de «todos a gozar», todo está permitido y cualquier interrogante o fisura del sujeto con índices de angustia, debe de ser resuelta con respuestas ready-made u objetos, incluyendo entre ellos la parafernalia medicamentosa, que promete todo tipo de satisfacciones de «probada» eficacia. Se puede así apreciar un empuje al goce y un intento homeostático de controlarlo. Y se pregunta Piedad Spurrier (6) , en todo esto dónde queda el deseo, la dimensión del amor que Lacan define al final de su enseñanza que se dirige al sujeto del inconsciente.

El Real del psicoanálisis no es el Real de la ciencia, el Real del psicoanálisis es «Hay de lo Uno y no hay Relación sexual». Implica que el cuerpo se goza sólo y no alcanza la fusión con el otro.

En cierto modo, señala Dolores Castrillo en su trabajo «Günter Von Hagens un artista del siglo XXI», que hay una cierta afinidad entre el discurso analítico y el discurso capitalista. El discurso capitalista también hace caer los velos y los semblantes, entre ellos el de la belleza, como se evidencia en los cuerpos de Günter Von Hagens y en buena parte del arte contemporáneo, o del amor, en beneficio de modos de goce cada vez más autistas.

Referencias bibliográficas:
(1) «Acercarse con una cámara a palpar»...Cuerpo...«si lo hubiera». Entrevista a Javier Codesal, realizada por Óscar Cabeza, Araceli Fuentes y Denisse Nadeau. Páginas 58 a 63. Letras Nro 7. Año 2013. Letras lacanianas. Revista de Psicoanálisis de la comunidad de Madrid-ELP
(2) Citado por Dolores Castrillo en «Más allá de la piel: lo real en los cuerpos de Günter Von Hagens, un artista del siglo XXI». Texto inédito de la autora. Páginas 64 a 69. Letras Nro 7. Año 2013. Letras lacanianas. Revista de Psicoanálisis de la comunidad de Madrid-ELP.
(3) Wajcman Gérard. «Las fronteras de lo íntimo». Revista El Caldero de la Escuela. Número 19. Buenos Aires, 2012. Publicación de la Escuela de Orientación Lacaniana.
(4) Castrillo, Dolores. «Más allá de la piel: lo real en los cuerpos de Günter Von Hagens, un artista del siglo XXI», op. cit., pág 66.
(5) Brousse, M-H. «El objeto de arte en la época del fin de lo bello: del objeto a lo abyecto». Revista El Caldero de la Escuela. Buenos Aires, 2008
(6) Ortega de Spurrier, Piedad. «No hay el analista». Páginas 87 a 92. Nel-Delegación México DF, GRAMA ediciones, 2012.

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