miércoles, 8 de octubre de 2014

"AMOR EN GOTAS" "La agonía del amor"

Gustavo A. Zapata M.

Este es un buen título para un comentario sobre el amor en siglo XXI, porque se abre a dos sentidos al menos, y permite hacer consideraciones en sendas coordenadas que han servido para definir el amor. En realidad no es un título muy original, se trata de una variación sobre el título del libro La agonía del Eros del filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han, de reciente aparición en español. Es un libro pequeño pero denso con tesis que despliegan conceptos y nociones ya cernidas por él en La sociedad del cansancio y La sociedad de la transparencia pero ya en el campo del deseo y el amor. Debo decir que mientras meditaba respecto a las preguntas que tuvieron la gentileza de formularme para orientar mi comentario, buscando querer salirme de las fórmulas de uso frecuente en nuestra jerga, di con este libro que me atrapó por su lucidez y sus fórmulas seductoras. Así que voy a tratar de bordear las preguntas que me hacen a partir de algunas ideas que me surgen de este cruce entre Lacan y Han.
Por un lado, para nadie es un secreto que el amor es agonía. Los relatos amorosos, los cantos de amor, las odas al amor, narran, cantan, describen con lujo de detalle, toda una fenomenología ligada al sufrimiento por la imposibilidad de acceder al amor/amado/amante. Es la agonía por la falta del amor/amado/amante. Y también sirven para narrar/cantar/describir el delicioso tormento que deriva del encuentro efectuado/anhelado con el amor/amado/amante. Es la agonía por el exceso del amor/amado/amante. La frase morir de amor da el tono de este fenómeno. Sirve para el encuentro tanto como para el desencuentro amoroso.
Así era, al menos, hasta finales del siglo pasado. El amor romántico o cortés no estaba inicialmente orientado por el goce fálico de la posesión del objeto amoroso; antes bien, para decirlo de un modo un poco cursi, a tono con el tema, florecía en la ausencia, la imposibilidad o en la distancia insalvable de la realización del amor. Tuvo su punto más alto en la carte du tendre y las preciosas del barroco francés de la primera mitad del siglo XVII.
Lo que ocurre actualmente (en realidad desde el último lustro del siglo XX) es lo que ingeniosamente Jacques-Alain Miller condensa al final de El hueso de un análisis con esta interpelación al público femenino: Señoras, amen…nos. Se trata de un apunte formidable de Miller acerca del atolladero en el que desembocó la búsqueda de la igualdad de derechos de la mujer con respecto a los hombres: grandes dificultades en el ámbito del amor. Y no es poca cosa, porque a esta especie de falicización de lo femenino parece corresponder la feminización del mundo, y entonces parece que ya ni hombres ni mujeres, cualquiera que sea su elección en el complicado proceso de la sexuación, saben cómo arreglárselas con el amor, ni con la demanda de amor ni con el deseo de amar y ser amado. Y claro, los goces y su instalación como fórmulas de relación, estilos de vida o elecciones, vienen a complicar aún más el panorama de la vida amorosa en este siglo, signado por la declinación del Nombre del Padre. En este orden de ideas, la indicación de Lacan al final de seminario XI de un amor sin límites y la del nuevo amor en el seminario XX (ese que incluye la no-relación entre los sexos) permiten situar la investigación que adelantamos los psicoanalistas del siglo XXI.
Pero, ¿qué nos dice Han respecto al amor en el siglo XXI? Como comenté al principio, estoy leyendo y trabajando el texto. Y en este punto hay dos párrafos que me interrogan. En el apartado El no poder poder, precisa Han:
“El amor se positiva hoy como sexualidad, que está sometida, a su vez, al dictado del rendimiento. El sexo es rendimiento. Y la sensualidad es un capital que hay que aumentar. El cuerpo, con su valor de exposición, equivale a una mercancía. El otro es sexualizado como objeto excitante. No se puede amar al otro despojado de su alteridad, solo se puede consumir. En ese sentido, el otro ya no es una persona, pues ha sido fragmentado en objetos sexuales parciales. No hay ninguna personalidad sexual.”
Y más adelante
“El amor se positiva hoy para convertirse en una fórmula de disfrute. De ahí que deba engendrar ante todo sentimientos agradables. No es una acción, ni una narración, ni ningún drama, sino una emoción y una excitación sin consecuencias. Está libre de la negatividad de la herida, del asalto o de la caída. Caer (en el amor) sería ya demasiado negativo. Pero, precisamente, esta negatividad constituye el amor: «El amor no es una posibilidad, no se debe a nuestra iniciativa, es sin razón, nos invade y nos hiere».[12] La sociedad del rendimiento, dominada por el poder, en la que todo es posible, todo es iniciativa y proyecto, no tiene ningún acceso al amor como herida y pasión.”
Y ciertamente, la clínica que atendemos en nuestros consultorios en torno a la problemática amorosa, nos ofrece un amplísimo muestrario de los efectos de este cruce de dificultades, y la cultura está plagada de formas de esta positivación del amor. La más reciente iteración de este proceso es la aplicación TInder. En esencia se trata de una aplicación para teléfonos inteligentes de la que puede decirse que es el juego del amor sin toda la presión, como puede verse en un video de Soulpancake, Tinder: The Science of Love (https://www.youtube.com/watch?v=Tu_BaE52PxI). La oferta principal es que minimiza el riesgo de fracaso: when there´s a zillion other people at the flick of a finger, rejections doesn’t stink so much. The real benefit come from just playing as the game it is: a resilience’s building exercise that makes romance as winnable as Angry Birds.
La pregunta que me hago, que nos hacemos los psicoanalistas hoy es, en este panorama, ¿cómo incidir, desde la soledad del acto en el uno por uno de nuestra práctica, en esta degradación de la vida amorosa para los sujetos del siglo XXI? ¿Podrá la experiencia analítica permitir el acceso a un nuevo amor, ilimitado, para sujetos atravesados por estas dificultades?
Nuestra próxima Jornada nos permitirá mostrar y debatir lo que hemos adelantado en este sentido los psicoanalistas orientación lacaniana de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y sus Escuelas.
Referencia: Byung-Chul Han, La agonía del Eros, Traducción de Raúl Gabás, Editorial Herder, 2014.


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