sábado, 22 de noviembre de 2014

...lo imposible de soportar

Gerardo Réquiz

Cuando la realidad nos coloca al límite de lo soportable podemos esperar la eclosión física o mental, o ambas. El cuerpo sufre y se expresa, la desesperación bloquea el pensamiento. La angustia toma el mando, la vida pierde brillo y se vuelve pesada. Lo inmediato aumenta su urgencia y las acciones provienen menos de un acto calculado que de un movimiento contraproducente que puede precipitar el acting out o el pasaje al acto.

Lo imposible de soportar está en el corazón del debate político. No solo de la política como se entiende comúnmente y se aplica a la vida ciudadana, sino de la política del psicoanálisis en tanto lo insoportable tiene un fondo real. Lo real no es una entelequia para el regodeo especulativo de los psicoanalistas. Se manifiesta en la amenaza de muerte como posibilidad diaria, en los efectos de segregación, en la incertidumbre por el futuro, en el forzamiento de un ideal insensato a contracorriente de las necesidades económicas de una nación democrática.

El analista, en tanto ciudadano, puede alzar su voz frente a esta situación. Casi podríamos afirmar que está llamado a ello. Sin embargo, que una realidad bordee lo insoportable, y esté de acuerdo con eso, no lo exime, cuando sostiene el acto analítico, de la responsabilidad de poner de lado su preferencia política y convocar la singularidad del sujeto que recibe los embates de esa realidad. ¿Cómo podría cumplir con ese acto si convierto al que busca mi ayuda en un compañero de infortunios o en un adversario ante una realidad compartida?

La urgencia que la realidad provoca requiere en la cura analítica de un paso hacia otra forma de urgencia, esta vez subjetiva. El modelo causa efecto no es exactamente el del psicoanálisis cuando aborda la causa objetiva. No trabajamos con el esquema problema solución. Ese es el  preferido de las psicoterapias. El nuestro es problema-problema.  Dicho de otra manera: problema-síntoma y entonces solución. Esto quiere decir que la causa objetiva es útil para el análisis solamente cuando se articula al programa de goce del sujeto.

Lo imposible suele vivirse como impotencia. El sujeto se impotentiza porque hace suyo lo que no se puede, eso que nadie puede. Cuando captamos eso que no se puede o, para decirlo en términos de Lacan, lo imposible lógico para los recursos del aparato simbólico, entonces, al contrario de lo que se piensa, se abre la vía de lo posible. La elección de la acción deja de ser ciega porque los caminos se visualizan, el sujeto sale de la impotencia y el acto es posible. Un análisis debe conducir a esta distinción fundamental entre impotencia e imposibilidad.

La política del psicoanálisis está determinada por su ética y por los principios del acto analítico. Esta ética subyace a la posición del analista en las curas que dirige, pero también en la elección de aquellos a quien atiende. Hay un límite, por tanto, que nos impide dar acceso al psicoanálisis a la canalla o al acto contrario a la ética del psicoanálisis de quien nos demanda un análisis. El analista sabrá cómo hacer ante esas posibilidades. Es lo que se espera de su formación.

Con lo imposible de soportar como tema organizaremos el programa de trabajo de las Jornadas de la NEL Caracas que tenemos previstas para octubre de 2015.

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