miércoles, 29 de julio de 2015

En cuenta regresiva N° 14





El régimen del Uno y el diálogo imposible

Gerardo Réquiz

El diálogo, como lo sabe el psicoanálisis, es uno de los imposibles del vínculo humano. Aun así dialogamos. No hay otra manera de lograr acuerdos entre los goces en juego. Por supuesto se hace imprescindible para la convivencia de la pluralidad propia del sistema democrático. Otra cosa muy distinta ocurre en el régimen del Uno, que puede prescindir del diálogo puesto que en él se silencian las diferencias.

El régimen del Uno hunde sus raíces en la estructura de la fraternidad. Esta consiste en un vínculo que evoca solidaridad, unión, apoyo mutuo, pero tiene un rostro oculto que proviene de su propia hechura y cuyas bases fueron formuladas por Freud. Ese lado oculto, y a veces ni tanto, surge de un rasgo que aglutina a la gente, busca la uniformidad y produce separación del resto. Promueve la identificación y actúa como un mandato a seguir que induce al rechazo del otro puesto que los que se identifican a él cristalizan una identidad que les impide la aceptación de la diferencia. De esta manera se crean fraternidades de todo tipo. Pueden servir para combatir el rasgo por indeseable o, por el contrario, para elevarlo a la condición de ideal cuando ofrece alguna ventaja política, ejemplo la pobreza.


Como resultado obtenemos exclusión, rechazo, odio. De esa manera se revela la segregación como el verdadero rostro de la fraternidad, y no es necesario que el líder conozca psicología de las masas para manipularla a su favor. La negociación, desde esta lógica, es una ilusión y el llamado al diálogo una propuesta engañosa.

Sin el recurso al dialogo y al acuerdo la democracia, en tanto espacio de singularidades que difieren pero pueden convivir, esta amenazada. Y con ello lo están también las condiciones de posibilidad de la práctica analítica. El carácter subversivo del psicoanálisis lo vuelve sospechoso para el régimen del Uno que no quiere ni la singularidad ni el ejercicio del propio deseo.

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