miércoles, 22 de julio de 2015

En cuenta regresiva N° 15

NOCHES DE PASAJE

I.-
Así nacen los cuentos. "Había una vez"
Para algunos es tan solo una invención.
Para otros, es el recuerdo de un tiempo que, poco a poco, se desdibuja en la memoria.

II.-
Hay momentos que son eternos
Si, son eternos.
Tan eternos que pretendemos con ellos dibujar una efímera realidad.
Allí el dolor, cuando la eternidad se convierte en un instante particular en nuestras vidas; tan... pero tan particular, que otros se atreven a dudar que haya existido.
¿En qué te convertiste, mi pequeña eternidad?
¿Acaso fue tan sólo un cuento de niños?

III.-
Me recordarán por una canción, por un guiño de ojos, por un momento de distracción. Alguien sabrá (tú, si, tú) porque mi mirada se desvía hacia el techo: escucharemos el crujir de las escaleras de madera; el de la pintura que se cuartea sobre la humedad de la pared; el rechinar de la pequeña puerta que se abre desde la cocina al comedor; el de los pasos de quien desde allí asoma trayendo la comida para esta cena.
Alguien me dirá (y no serás tú): "¿Dónde estás? !Regresa!"
Nunca imaginará que en mi mente decía lo mismo. Yo... Yo decía lo mismo: "¿Dónde estás? !Regresa!"…
… mientras buscaba colarme en el tiempo para traer mis instantes eternos.
Tú sabes lo que estaba haciendo.
Bastará una mirada (si, tu mirada)
Bastará un guiño (si, el de tus ojos)

IV-

Y fue tan breve, tan fugaz, la mueca de tus labios
Tan breve, tan fugaz, como el dolor que no se quiere ver.
"La sopa estaba caliente" será la excusa.
Lo que quema, por dentro, es otra cosa.
Había una vez...

V.-

Solo te ruego
No arrulles a tus hijos con el canto de la amnesia
Es tan fácil hacerlo. Basta una buena intención: creer que con ella los libras de dolor.
Por eso te pido, en esta noche, tan  diferente a todas las demás:
Arrúllalos con un cuento, un cuento que no olviden jamás; un cuento tan sencillo como el que una vez se dibujó en tu memoria.
Nadie sabrá que fue tu historia. Nadie.
Excepto nosotros.

NOCHES DE PASAJE (POST DATA)

Y a sabiendas de la hora.
A sabiendas que solo los inconfesos insomnes leerán esta nota
escribo.
Mis dedos recorren el teclado pero las palabras se agolpan en mi garganta, golpeando cualquier sonido que pretenda ser eco, explicación, narrativa. Cualquier palabra que devele este secreto

Los cuentos de niños se dicen.
Los adultos recitamos nuestras historias en silencio: recuerdos, arrepentimientos, nostalgias, reclamos, dolores, caricias... si. Caricias. Esas que recorren bajo las almohadas nuestros dedos. Esas almohadas que acunan nuestras cabezas, que mecen nuestros cabellos, que reciben nuestras lágrimas, nuestros sudores, nuestros rezos, nuestros últimos pensamientos, un instante (tan sólo un instante) antes de cerrar los ojos y entregarnos al sueño.
Por eso, escúchame, tú, insomne inconfeso: Yo, que regresé a la vida. Yo, que decidí vivir. Yo, que amo más que nunca. Yo, que escribo estas palabras para ser leídas por ti. Yo digo: no me busques en las letras, encuéntrame en los espacios en blanco, en los puntos suspensivos, en esa coma que no sabes si va o no va. Encuéntrame en el error ortográfico que te hace humano, en el sonrojo del enigma, en la propia ignorancia de ti. Entonces sabrás que hay vida, una vida por contarse, por decirse en el sueño, en el gesto, en la mueca y en la caricia. Una vida que se dice perdonando, sin tener que decirlo. Basta cerrar los ojos, y recordar esa voz que una vez, por primera vez, susurró junto a tu cama: "Había una vez"


Johnny Gavlovski

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