jueves, 2 de julio de 2015

En cuenta regresiva N° 18

Irene Sandner*

Frente al malestar que ha hecho crisis en nuestra civilización, frente a la queja en lo cotidiano de un sentimiento de mal‐vivir, la agresión sin medida, la locura y el caos que nos impacta al circular por las calles de nuestra ciudad, o tan sólo al asomarnos a los diferentes medios de comunicación, me interrogo ¿Qué ocurre cuando lo real se presenta a cielo abierto con sus efectos devastadores?

La hostilidad del ser humano hacia el Otro es constitutiva de la esencia de lo humano, lo que plantea serias dificultades en la civilización actual. En la mayor parte del mundo contemporáneo se vive una fascinación por la violencia contra uno mismo y contra los otros. En nuestra civilización del siglo XXI, observamos el aumento de la violencia en la ciudad. Violencia que se ha instalado en nuestra civilización posmoderna con sus efectos disruptivos del lazo social. Muchos somos testigos mudos sin distinción de clase social, nivel socioeconómico, raza o religión. Asistimos impávidos a la irrupción de la violencia que se extiende cada día más en nuestra cotidianeidad. Se trata de un horror que aparece desnudo, sin las vestimentas de lo simbólico. La violencia se ha hecho pública y globalizada y penetra en todos los hogares produciendo una cierta banalización debido a la reducción de la dimensión subjetiva de las imágenes. La violencia se ha constituido
así en una modalidad de lazo social. ¿Por qué? No tenemos respuestas claras ¿Quién
es el amo? ¿Quién nos gobierna?


Dice Freud en su texto el Malestar en la cultura: "El ser humano no es un ser manso, amable, a lo sumo capaz de defenderse si lo atacan, sino que es lícito atribuir a su dotación pulsional una buena cuota de agresividad. El prójimo es una tentación para satisfacer en él la agresión, explotar su fuerza de trabajo sin resarcirlo, usarlo sexualmente sin su consentimiento, desposeerlo de su patrimonio, humillarlo, infringirle dolores martirizarlo y asesinarlo".(1)

La sustitución del antiguo régimen paterno por otro que destituye al gran Otro en la Cultura; la función del padre que limita el goce y preserva para la vida desfallece, se presenta entonces un empuje a la realización de los goces, sin los velos del semblante. Llamado por Lacan en su texto Televisión y Radiofonía el “desvarío de nuestro goce (2)” goce que se instala en la civilización y en sus lazos. Este goce que por no tener medida exige el sacrificio mismo de las condiciones de la vida y alcanza cada vez más las formas de lo insoportable.

Freud en su texto El porvenir de una Ilusión de 1927 nos dice: “Todo aquel que ha vivido largo tiempo dentro de una determinada cultura y se ha planteado repetidamente el problema de cuáles fueron los orígenes de la trayectoria evolutiva de la misma, acaba por ceder también alguna vez a la tentación de orientar su mirada en sentido opuesto y preguntarse cuáles serán los destinos futuros de tal cultura y por qué avatares habrá aún que pasar…. Y cuanto menos sabemos del pasado y del presente, tanto más inseguro habrá de ser nuestro juicio sobre el porvenir… (3)”

Desde una perspectiva práctica la constante amenaza a la vida, a la integridad física, se ha convertido en un real que irrumpe cotidianamente y que nos afecta a todos. La segregación, la marginalidad, son espacios donde los sujetos pierden todo reconocimiento legal y están “sin un mundo” dado que cualquier proyecto o meta se presenta como  imposible. No sólo acostarnos cada noche agradeciendo el haber sobrevivido ese día es suficiente para sentirnos satisfechos, esta desesperanza que nos abriga día a día va matando el deseo y la singularidad de cada quien. Situación donde la palabra ha sido vaciada de consistencia y valor, donde el significante no logra enlazar y regular el desorden de lo Real. Por lo tanto, encontramos que los síntomas de hoy en día, con los diferentes modos en que se inscribe el sufrimiento, nos hacen estar atentos a ese sujeto aislado en su propio goce que impera, se manifiesta, en cada hecho de insólita violencia, en la adicción, en la depresión, y en la angustia.

Encontramos una definición de la violencia presentada por Lacan en El Seminario, libro 5, Las Formaciones del Inconsciente: "La violencia es ciertamente lo esencial en la agresión, al menos en el plano humano. No es la palabra, incluso es exactamente lo contrario. Lo que puede producirse en una relación interhumana es o la violencia o la palabra. Si la violencia se distingue en su esencia de la palabra, se puede plantear la cuestión de saber en qué medida la violencia propiamente dicha, para distinguirla del uso que hacemos del término agresividad, puede ser reprimida, pues hemos planteado como principio que sólo se podría reprimir lo que demuestra haber accedido a la estructura de la palabra, es decir a una articulación significante (4)

La gran neurosis contemporánea es determinada por la inexistencia del Otro, un Otro consistente y garantizador, y esto condena al sujeto a la caza del plus de gozar.

La otra cara del Otro que no existe, ya que no tienen el ideal para identificarse y con
la ausencia de la excepción paterna, hay un empuje al goce ilimitado, al goce femenino.

En el curso El Otro que no existe y sus comités de ética, Miller habla sobre el goce
femenino como paradigma respecto a la época actual. Se trata de un modo de gozar
de la civilización actual, que tiene más que ver con las características del goce femenino que con el goce regido por el falo. Un goce sin forma, que por escapar de la regulación fálica, es sin medida. Hoy el mundo no está orientado por el ideal sino por el objeto. Esa promoción del objeto al cielo del goce, es característico del modo de gozar femenino.

Ahora que ya no estamos rodeados de esos grandes ideales que ordenaban el mundo, el psicoanálisis nos recuerda que todos los hechos de la vida, incluso los regidos por los grandes ideales, van acompañados por las pulsiones de vida y de muerte. Eric Laurent en su texto “Nuestra tarea es revelar la mentira de la civilización” nos dice “La vida en su expresión máxima tiene, también, una expresión mortífera (5)”. En la compleja era en la que vivimos, ya sin los grandes ideales, se manifiesta más abiertamente ese empuje hacia la pulsión de muerte, ese empuje a lo peor. La angustia reinante hace desfallecer cualquier intento de instauración de los semblantes, incluido el dispositivo analítico ¿Cómo responde el psicoanálisis a esto?

El psicoanálisis es un saber para afrontar los grandes problemas de la vida. Sabemos
que no existe una sola interpretación del mundo, la riqueza éste depende de
que cada uno pueda hacer valer su manera. El psicoanálisis nos ayuda a pensar una
solución alternativa en esta época tan difícil. Como dice Freud en su texto El Malestar en la cultura, cada uno debe buscar por sí mismo la manera de ser feliz, su elección del camino a seguir será influida por muy diversos factores, todo depende de la suma de satisfacción real que pueda esperar del mundo exterior, de la medida en que se incline a independizarse de éste, y de la fuerza que se atribuya a sí mismo para modificarlo según sus deseos.

Los analistas lacanianos no somos indiferentes a las transformaciones de la civilización actual que inciden cada vez más en aspectos de la subjetividad, se requiere desde el  psicoanálisis una respuesta comprometida, aunque sabemos del imposible que nos confronta en nuestra práctica y que no puede tener más respuesta que en el terreno de lo singular de cada ser hablante.

El psicoanálisis ayuda a localizar de qué estamos hechos y cuál es la dificultad que tenemos de encontrar un poco de felicidad que se supone que es lo que todos buscamos. De esta manera, podemos hacer de nuestro cuerpo algo digno y respetable, es decir, alojarlo en un discurso al que hay que agarrarse bien fuerte cuando todo tiembla a tu alrededor.

* Psicoanalista Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis‐Miembro de la Nueva Escuela Lacaniana‐ NEL‐Caracas
Docente del CID –las Mercedes ‐E‐mail sandneri@gmail.com

Notas

1.  Freud, S., “El malestar en la cultura” (1930 1929). O. C., Amorrortu, Buenos Aires, 1986, vol. XXI, cap. V, (pp. 105‐112)
2.  Lacan, J., Radiofonía y Televisión, Ed. Anagrama, 1977, p.128
3. Freud, Sigmund, "El porvenir de una ilusión", Obras Completas, Tomo XXI, Amorrortu Editores •
4. Lacan, J.: El Seminario. Libro V: Las formaciones del inconsciente, Paidós, Buenos Aires, 1999
5. Laurent, E., “Nuestra tarea es revelar la mentira de la civilización” Revista Veintitrés, 2007

Bibliografía consultada
Freud, Sigmund, "¿Por qué la guerra?", Obras Completas, Tomo XXII, Amorrortu Editores
Lacan, J,: El Seminario VII, La Ética del Psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1988, cap. XIV (pp. 217‐230)
Miller, J.‐A. , El Otro que no existe y sus comités de ética, en colaboración con E. Laurent, ed. Paidós, p. 27
Miller, J. A., Punto Cénit, Conferencia "Lacan y la política", Colección DIVA.
Ons, S., “La violencia contemporánea” Virtualia 18

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