martes, 6 de octubre de 2015

En cuenta regresiva N° 4

Alicia: El aburrimiento y lo imposible de soportar
Raquel Baloira

Alicia empezaba a cansarse de estar sentada al lado de su hermana en la ribera sin hacer nada (...) Estaba considerando (tanto como podía, ya que el calor la hacía sentir soñolienta y atontada) si el placer de hacer una guirnalda de margaritas justificaba el trabajo de levantarse y recogerlas. (1) 

Es una cuestión para destacar que, en las primeras líneas de la obra Alicia en el país de las maravillas (que acabamos de leer en el encabezado de este texto) Lewis Carroll coloque el aburrimiento de una niña que se pregunta para qué sirve un libro sin ilustraciones ni conversaciones.

La queja del aburrido es la manifestación del deseo de esa Otra cosa de la que habla Lacan, en el Seminario Las formaciones del inconsciente. Necesitar esa Otra cosa es un signo de aburrimiento y, tal como el aire que respiramos, llegará a decir Lacan, vivimos esa dimensión, en la que no se piensa lo suficiente, desde el nacimiento (2)

Extremando un poco las cosas, motivada por el intento de trabajar el asunto que nos ocupa - se podría extraer del poema, en el que Carroll evoca ese tiempo de ensueño- que, en Alicia, el deseo de Otra cosa, la causa a manifestar el pedido de un cuento que, nada más y nada menos, contenga el nonsense. Es decir, no solo hay una queja que hace signo del aburrimiento, sino que además en la queja está latente esa Otra cosa que desea y la pide.


Alicia no es una niña aburrida, aunque el tedio la haya afectado aquella dorada tarde, como reza el poema que escribe Carroll, al comienzo de la obra. Si lo fuese, no se habría dejado sorprender por el Conejo que sacó un reloj del bolsillo de su chaqueta. Y mucho menos hubiese corrido tras él ardiendo de curiosidad. Tampoco es una niña -como las que solemos ver hoy- consumidora de objetos por aburrimiento para evitar el vacío.

El problema para el sujeto aburrido es que no hay nada que lo sorprenda ni entusiasme. Miller, cuando se refiere al aburrido, señala: el aburrido con su llamado estúpido a un podría haber Otra cosa y la distancia tomada con la inercia de lo que hay, se queja de lo que hay: hay de lo Uno, pero denuncia con su enunciación no hay de lo Otro (3). El aburrido pareciera revelarnos siempre el Uno que se repite.

Si en el aburrido hay de lo Uno pero no hay de lo Otro, vemos entonces de qué manera aparece en él lo real como imposible de soportar. Una irrupción de goce que el sujeto no puede simbolizar. Es frecuente encontrar esta dificultad en el psicoanálisis con niños. Y esto trae, como resultado, obstáculos en la instalación de la transferencia. Pero también produce, esa imposibilidad de simbolizar, la urgencia que es, como dijo Lacan en St. Anne (4): lo imposible de soportar para un sujeto al que ya nada divierte. El asunto reside en cómo el analista se sirve de la urgencia para perturbar ese goce fijo que impide el lazo con el Otro. Cuenta con la táctica y la estrategia para orientar el acto analítico.

El carácter irreductible al metalenguaje, característico de aquello que se escribe en Alicia en el país de las maravillas, puede representar una orientación para pensar la interpretación en la práctica analítica, en una época en la cual -taponados por los objetos- resulta muy difícil sorprender.

La Nel Caracas se prepara para leer con Alicia: el acto creador frente a lo imposible de soportar. Estén pendientes al llamado que el Conejo les hará. No hay tiempo que perder cuando del deseo se trata...


(1) Carroll, Lewis, Alicia en el país de las maravillas

(2) Lacan, Jacques, Seminario 5, Las formaciones del inconsciente, Paidós

(3) Miller, J.-A, Acerca del Seminario 5 de J. Lacan, ECFB, Barcelona, 1998

(4) Lacan, Jacques, Boletín del I Encuentro Americano, Departamento de Estudios Sobre el cuerpo

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